sábado, 28 de mayo de 2011

Zoológico Punk



Por Paul Citraro

Hay corrida y expediciones
zafaron los trapos y los nombres
El Ronco Papaso
diciendo ¡¡Aguanten!!
el primero de ellos
es el gobernador,
al otro
Enhiesto Syd,
es a quien se le
ocurren las cosas
y se concluye con un
No sé cuál de los dos
escribe esta página (*)

Un acto filial de amor al maestro
puede definir el comienzo
de otra asimetría

No llegarían lejos
en pleno estado
de emergencia emocional,
Borges, el ciego,
lo vio claro y lo vio primero
y también le brotaba
la Evidencia
y la misma secreción helada

Tampoco los Sex Pistols
ni remotamente se lo permitieron
Johnny Rotten
corría la melodía
como si fuese una línea
en el pavimento
esperando el cuello
de su madre
La pisoteó
y siguió haciendo su propio onomástico salvaje
El Ronco Papaso
subrayando un pasado anoréxico
volvía a puro latigazo
vomitándose las manos
cubierto de pústulas,
cicatrices y heridas abiertas
En otra vida habrá espacio para el acné infanto juvenil

Al loco Rubén
que había estado encerrado
en su casa durante 3 años
(porque lo rebotaron en la prueba
para jugar en Newbery)
se le había despertado
un ligero estrabismo,
ahora piensa con un ojo
en los Pistols
y el otro
mira con recelo un tanguito
que vuelve a menudear
buscando la claridad
cada vez que lo silba boca abajo
El sol es una rubia que se suelta el pelo (**)

Van der Elsken (***) tenía
que sobrevivir Se sabe
Al igual que todos los
fotógrafos de París
saca fotos carnet con Mario Bossi en medio turno
por las noches
sigue tomando muchas otras;
amantes abrazándose
en calles lluviosas
los olores a la vida incómoda
de Avenida Chapuis
(por los leones y los cainítas)
y se guarda los negativos
que requieren el gesto
de la sombra
para revelar la palabra
en su forma de encantamiento
y su demiurgo poder

-Tranquilo…que la ruta es larga
y el sueño siempre está empezando-

-Decime qué es lo que buscas
y ahí voy con la caña-

El abatimiento del Ronco Papaso
la locura de Rubén
la oreja amputada de pinceleta Van Gogh
en manos de la gorda Carola
Un desastre
Carola siempre está
Ahora, ver llorar al nene
son 50 pesitos
en ajustados 15 minutos
y la chicha por debajo del top
no disimula
la esvástica tatuada en la rabadilla
indicando el inevitable descenso
hacia la boca del lobo
Al final de la comilona
escapa del encierro
y desconfía de la palabra

Por último
el gesto propio de la desesperación
que rompe cada madrugada
-la impotencia de la vida-
remata el loco Rubén
que sigue atada a ese cartel
donde se lee: BIENVENIDO con la
gigantografía de los ídolos muertos y
la S desplomada
Junto a él
hay un cordel atado y trenzado
que al cincharlo
pone al mundo patas arriba

Justo ese día te fui a buscar
y ya no estabas ahí.

(*) de Jorge Luis Borges, ese argentino inevitable
(**) del tango “Dónde estaba el sol cuando te fuiste” de Celedonio Flores
(***) Fotógrafo holandés, que dedicó su obra a los rufianes y bohemios parisinos en los 50

martes, 3 de mayo de 2011

Pezando fuerte



Por Paul Citraro
Estrafalario. Edificante. Energético. Guiando los hilos de ese barrilete o mejor, tironeando de la tanza bajo el agua, Ariel Minimal supo darle vida pletórica a Pez. Como un sobreviviente del Ital Park, Pez, logró meterse en el candelero del rock argentino desde hace más de quince años. Pez tiene una marca de identidad sonora indeleble y escurridiza a los acervos demandantes del mercado. Impredecibles por instantes y geniales por otros. Así, como el payaso triste que perdió la levita. Pez, en crudos tiempos de discográficas y dependencias de “patrones musicales”, sigue siendo una banda de rock. Una fracción insolente de lo mejor de la historia del rock argentino, que abraza desde Manal a un campo árido sin alambrados. Para Pez, todo es válido si tiene honesta legitimidad en sus entrañas. Pez, en su propia norma musical, parece un pueblo de frontera alejado de las leyes.

Hay mucha información en esa mixtura musical que poguean almas perceptivas y alucinadas con ese mapa sonoro a todo volumen. Algunos dirán que son una desquiciada banda de power rock. Otros, que en medio de ese anclaje de riffs metaleros y ataques hardcore con aires folclóricos y psicodélicos están frente a un señuelo de Frank Zappa en el cono sur. Para mí, Pez, es Pez.

Y si rascamos un poquito la cáscara de pintura de ese viejo colectivo, me suena a que se fue conformando una cultura gestáltica. Esa vieja escuela sensitiva que dice que la mente se configura mediante la percepción de la memoria –inteligencia-. Es decir, el todo, es mucho más que la suma de las partes. Detrás de ese barullo colectivo, está Pez, espontáneamente, buscando ese instante, como el único camino para ser dignos, felices.

Como el mito romántico de los anarquistas que mira con ojos invisibles, todo lo que conforma a Pez no está regido por ningún pulso rector. Ni dentro ni fuera. Y el público en todo este tiempo de tránsito permanente, lo percibe y baja el promedio de edad y hasta se ríe del psicoanalista de Cristo. Ni Dioses ni mártires, solo una gran banda de rock que sigue existiendo por sobre todas las miserias y los bagayos de esta palestra de estrellas y estrellados.

Detrás de esta pequeña antesala triunfal que es la llegada de Pez a Venado Tuerto, un grupo de jóvenes de la ciudad, abren sueños y proyectos con la naciente productora “Hinojo Produccione”. No es casual que los romanos miraron el hinojo como la hierba de la vista, como el tónico para despejar los ojos nublados.

El Domingo 15 de Mayo - Centro Cultural Provincial Ideal (Pellegrini 980) – 18 hs.
Pez GRATIS en Venado Tuerto
Bandas Soportes: SON & Manjula – Venado Tuerto
Paralelo al Evento: Mega Muestra de Arte (Pintura – Fotografía – Dibujo – Disciplinas Alternativas)

Auspicia: Gabinete Joven (Gobierno de Santa Fe)

lunes, 25 de abril de 2011

About a Girl



Por Paul Citraro
Finalmente, diez días después, le escribió una canción a su novia. Decía el estribillo algo: “No puedo verte todas las noches sin pagar un precio”. Habían discutido y peleado a boca suelta y la letra era toda una declaración de cómo el amor se había transformado en una obra en demolición. Por extraño que parezca el asunto, ensayó varias veces la canción y la tocó delante de Tracy. Nunca se hizo cargo. Explícitamente hablaba de ella.
Vociferó. “Escribo lo que se me ocurre, no sobre ti ni sobre nadie en especial”. Mentía lisa y llanamente desde el punto de partida. El hecho que creara esa pequeña y falaz oda musical para ella y no viviera el riesgo de entregársela en la intimidad, suponía la mentira. A esa tajada del tiempo, ya estaban sentados sobre un glaciar llamado amor. Kurt se comportaba como un típico colegial de escuela secundaria que le envía una tarjeta de San Valentín a una piba pero no se anima a rubricarla.
Ni bien Kurt tocó la canción para Chad y Krist, los dos, quedaron prendados con ella.
-¿Cómo se llama? - Preguntó uno de ellos.
– Ni Idea, solo sé que se trata de una chica.-
“About a Girl”. Así la llamaron. No era problema. Son pocas las canciones de Kurt que guardan un vínculo mayor con el título. Como un buen abogado, Kurt, pretendía agotar todas las instancias, creativas. Ciertamente no fue un baño de luz, y aunque la letra era algo retorcida, acababa de escribir su primera canción de amor. El primer escalón a la evolución como compositor y melodista descarado. A tal punto que en las primeras actuaciones en vivo de Nirvana, el púbico, confundía la canción con una versión de Los Beatles.
Para llegar a esa canción, Kurt, había escuchado durante dos días seguidos Meet The Beatles para entrar en situación. Aunque en los circuitos punks que Kurt frecuentaba, al cuarteto de Liverpool, se los consideraba demodé. Sus influencias musicales desde finales de 1988 eran una bolsa de estilos y géneros. Parecía decir con aquellas preferencias; pase lo que pase, me la banco. A tiempo completo escuchaba con oído adolescente a Buzz Osborne, el heavy metal clásico; Led Zeppelin y Black Sabbath y The Monkees sin demasiada conexión entre sí. Pero ahí estaban, a puro ramalazos en las entrañas.
Le faltaba una enorme cantidad de indagación a nivel de tradición musical por el solo hecho de no exponerse como una pieza de carne frágil y demasiado humana frente a los demás. Todavía no había escuchado a Patti Smith ni a Los New York Dolls, papaítos de esa imagen andrógina de futuro espejo con Nirvana. Kurt era el clásico nerd que conocía hasta el último tema publicado de su banda cuna. Un proselitista de puerta en puerta. Un predicador de la nueva fe sonora que habitaba cada rincón de su aspiración. Todo los demás, eran solo fantasmas de tránsito.

Por el contrario, Krist, era el dueño de los conocimientos más amplios sobre la historia del rock. Krist podía diferenciar lo kistch de lo genérico, mientras Kurt seguía errando sin sentido una y otra vez. Por momentos, los errores, son algo inoportunos en un proceso de construcción.
Pisando Diciembre de 1988, Kurt trabó amistad con Damon Romero. Pasaban horas fumando cannabis como una novedad. Plenamente conscientes que la novedad, siempre, supera a la belleza.
–He descubierto un disco genial que deberías escuchar- mencionó Kurt y sacó el álbum de Knack “Get the Knack”. Damon encendió la bandeja gira discos, sutilmente acercó la púa a la primera banda y dijo: ¿De veras quieres que escuche esto?
Es un álbum de pop alucinante, contestó Kurt con el rostro impávido.
Romero solo se dejó llevar por la música. Escuchó las dos caras en silencio preguntándose una y otra vez si algo se estaba perdiendo, mientras su amigo permanecía a su lado imitando la batería en el aire con las manos en callado homenaje.

sábado, 23 de abril de 2011

Lo que pienso (de la Cultura)



Por Paul Citraro
Si has logrado algo y tu mente navega en el pasado, el tiempo camina delante tuyo. Es importante tenerlo en cuenta. Hay que mirar hacia adelante, para que no se arruguen los laureles de tanto dormirles encima.

El principal incentivo de todo gestor debería pasar por tomar algo insignificante y hacerlo grande. Al principio te vas a convertir en un muerto civil. En un loco. A medida que lo vayas logrando serás un poco más considerado por todos. Y el día que logres hacer algo de dinero con tu elección, estarás cerca de ser un genio.

La gran mayoría confundimos popularidad con respeto. En algún punto todos queremos ser respetados y admirados. Pero ninguna de las dos cosas te da de comer.

Cuando se acerca alguien que jamás ha asistido a ninguna de nuestras producciones y me dice, “te felicito, están haciendo un gran trabajo por la ciudad…” pienso: este tipo no me respeta un carajo. En el fondo es coherente, casi todos queremos sentir que pertenecemos a algo.

Una sala a medio llenar, en el mejor de los casos, es sinónimo de elitismo. Para mí es el mayor triunfo posible. Hemos vuelto a realizar otra instalación sin estafar artísticamente a nadie de los presentes, ni nos disfrazamos de exitosos reempadronando familiares.

A distintos niveles, la comprensión tropieza en la pendiente.

Las decisiones de los indecisos, crean conflictos.

Todos en algún momento necesitamos de una melodía dulce. Tan simple como eso.

Cuando se ponen de acuerdo producción y artista para llevar una producción a cabo, siempre los dos salen ganando. Hay que ser consciente que una de las partes quedará guardada en el bolsillo y la otra en el relicario. Pero ambas siguen siendo afortunadas.

Únicamente lo que quema permanece encendido. Algunos, todavía lo llaman pasión; una palabra un tanto desacreditada por estos días.

El tiempo en esto me enseñó que es un error dejar que la pasión no nos deje seguir pisando los adoquines firmes.

No vamos a inventar nada. Ya lo explicó de modo inmejorable Freud; “El pene es el único pedazo de inconsciente que está a la vista”. Y en eso se nos ha pasado una gran parte del tiempo a mucho de nosotros. En jugar a ver quién la tiene más larga.

Trato de no olvidar que soy un tipo común en un mundo básico. Por eso nunca suspendo del todo mi incredulidad en el arte. También desconfío del aplauso.

Ser libres e independientes tiene un precio muy alto. Con frecuencia se pierden muchas cosas por hacer. Cuando algo posible de producir se me escapa, me siento culpable. Honestamente, ese es mi infierno.

La música sigue siendo un arte totalizador para mí. Estoy profundamente en deuda con la música. La música me ha mantenido a salvo del mundo, de mí mismo. Me ha permitido aumentar mi margen de tolerancia. Me ha formado y lo sigue haciendo y es mi compromiso compartirla con el mayor de los respetos. La música es sagrada.

Sería bueno que los gestores podamos algún día ser efectivos en traducir el mensaje ante quién corresponda qué quiere decir “dar un paseo por la gestión cultural”, para que ese árbol de adelante, no nos tape otra vez el bosque.

¿Quién dice que no se puede potenciar ciudadanía desde la cultura? Nos olvidamos de los ciudadanos anónimos que NO van a ver teatro, ni muestras de arte, ni tampoco asisten a un concierto. Por tanto, hay que desarrollar e instalar un diseño mayor de inclusión. Y eso no viene a mano de privados, precisamente.

Por momentos fuimos meros espectadores, mientras seguíamos echando baldecitos de agua para nuestros aljibes. No somos tan distintos.

Si uno promete algo debe estar a la altura de lo prometido, si no, se produce un vacío que se llena de desconfianza.

Venturosamente cuando alguien pregunta “cómo se llamaba aquel artista de…” uno suele mencionarlo de inmediato cuando debería decir; no tiene importancia, ya casi nadie lo recuerda.

No debe confundirse cultura con espectáculo. La cultura es pensar, reflexionar, proponer aunque los principales responsables del cambio sean o se hagan los sordos. Cuanta más cultura haya, los fundamentalismos comienzan a ser imposibles porque tenemos un sentido concreto de vida.

La cultura es la verdadera encargada de modificar muchas miserias. Por otro lado también está la estupidez. Dos puestas antagónicas que en extraña concordancia llevan al hombre a olvidarse por un rato de la muerte.

La cuestión es saber qué hay que transformar.

jueves, 24 de febrero de 2011

Todos tenemos un día de Miércoles



Es natural, y eso lo hace más disfrutable. Uno alza la vista y hasta donde llegan los ojos es un mar de gente, un mar de gente que celebra vivir en democracia y que ese vivir en democracia ya no sea algo que se experimenta entre temores sino con la convicción de que se sigue construyendo día a día. En este estado de las cosas, lo que ocurre sobre el escenario es la banda de sonido más adecuada. La frase es muy conocida, casi un lugar común, pero sigue teniendo la potencia de aquello que lo resume todo a la perfección: “Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll”.
Muchas veces ha sido arbitrario adjudicarle algún sentido a una frase o una palabra, y esa es precisamente la libertad del melómano aburrido. Así fue como Radio 9 convocó al más obsesivo de todos…

lunes, 14 de febrero de 2011

Monk




Monk
Por Paul Citraro
No recuerdo con nitidez si su nombre me había visitado antes. La facha me gustó de entrada; era una prestancia que indemnizaba esas lagunas de quienes lo perdieron de vista. Vacilante, anteojos de sol con gruesas patillas de caña. Delgado. Muy delgado. Barba corta desprolija. Piel muy negra. Habíamos estado leyendo Andrés Rivera con la música a todo trapo que funcionaba como una perfecta metáfora de la democracia. Ese mapa sonoro condenado al fracaso o expuesto al abucheo, era Monk.
Un amigo, Willy Tondo, también con ánimo en caída libre, desertó a su rutina de militancia naturista y se apareció con dos rodillos de bondiola artesanal.
-¿¡Le entramos!? Obsequio de un proveedor fiambrero de Quirquinchos- Dijo convencido.
Harto de las dietas, yo me había mordido el labio inferior, entre la culpa y la gula. Pero también decidido a cumplir su particular deseo blasfemo. A veces es notable como uno cambia el ropaje del deseo.
Willy estaba evidentemente perturbado, la tensión entre el estilo de Monk y Coltrane, no se soporta bajo los corrales de una dieta frugal. Además, esa representación de jazz, ponía al público -perfectamente oíble en las bandas del disco- de ánimos nada complacientes. Si hasta nuestra breve revolución se postergó por un rato. Música a contracorriente, en el sentido de todas las corrientes conocidas por ambos. Donde Coltrane une, Monk separa. De sopetón, mi corazón se contrajo y casi me paso al bando naturista. O peor, casi me subo a la revolución de los no lo entiendo, no me gusta. Como si hubiera que saber algo acerca del placer. Lo cierto es que yo estaba ahí, con mi amigo y las rodajas de rojo fiambre y la sonoridad de mis héroes. Todo un vanguardista demodé.
Traté de imaginar a los tipos arriba de las tarimas. Sus vidas cotidianas, el modo de hablar y las palabras que usarían ante el encanto. Al parecer Monk y Coltrane no habían sido compañeros de aventuras. No habían compartido celda alguna ni se habían echado encima de las sirenas varadas que suelen estar a la vuelta de los clubes. Ambos son respetuosos, uno con otro. Si bien Monk parece que se perfecciona en tocar el piano cada vez peor, es Coltrane que le replica diciendo; antes de ir al cielo, así yo tocaría en tu funeral, ese bolsillo sucio de Dios.
Jamás nadie tocará así y jamás tocarás –sí, tú y yo querido amigo- las piernas Marlene Dietrich. Para tocar así, primero hay que encontrar un cielo desbocado buscando pleitos. Y esa porción de ciencia, no nos ha elegido a nosotros hoy.
Con ese lápiz de ambigüedad se escribe la historia. Monk, bastante atinado suena en su locura de no repetirse por décadas. Ridículas palabras para un poema tan largo, y sin embargo era posible. Nos hemos quedado mirando cómo pasa el tiempo, detrás de los perros de cola giratoria. Y aunque el destino nos haga inocentes, la mochila, esa maldita sombra que uno arrastra, no para de tirar notas subversivas. Tú sabes cómo funciona. La exactitud de la bondiola no incluye a la verdad, y la conjetura de la madrugada, no carece de rigor.
La revolución puede esperar, un día más de nuestras vidas, no va a cambiar el curso de la historia.

Diario Página/12 (Suplemento Rosario/12) 17 de Febrero de 2011
Link a la nota: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/rosario/14-27457-2011-02-17.html

miércoles, 27 de octubre de 2010

Lobotomía



Por Paul Citraro
Para un habitante pueblerino que tiene el andar de las palabras sordas, llegar hasta el Campus Miguelete de la Universidad de San Martin, es como subirse al Mayflower. Luego de cabalgar cuatrocientos kilómetros de llanura en Chevallier, viene el saltito al tren que sale de la estación Retiro hasta que aparecen los cuatros cobertizos gastados y encastrados que anuncian la parada inevitable: Estación Miguelete. A pocos metros, un molde tortero con diseños arquitectónicos parecen decir: “Aquí se bifurca el pensamiento”.
Todos los días Lunes a partir del 27 de Setiembre a las 16 hs. y durante ocho jornadas, la Universidad de San Martin (UNSAM) le abre las puertas a la sociedad. Alumnado, docentes y Visitantes Bárbaros, invaden las instalaciones educativas con un fin en común: El cruce de pensamientos.
El pasado Lunes 18, Fernando Peirone (Coordinador General de los encuentros), abrió la jornada presentando generosamente a quien suscribe y dejando rodar la pelota que llevaría atada al pie durante ciento veinte minutos el invitado de turno, Hugo Lobo. Trompetista de oficio y fundador de la banda de ska Dancing Mood.
Cada frase del músico es risa de alegría, alegría de sentimiento sincero. Como Clifford Brown, sus solos lingüísticos son sencillos y directos, en forma de espiral, desde afuera hacia el centro para después volver al espacio abierto. Busco las riendas del olvido… parece querer decir al mencionar la importancia de las Orquestas de Jazz comandadas por Duke Ellington o Count Basie. Hay menciones a la sensata locura de los creadores que cobra sentido en el deleite popular. El bailongo. La información que adquiere el cuerpo.
Y por ahí entramos, para descubrir el erróneo momento en el que aparecen los fuma pipas del análisis elitista. Y en medio de ese guiso de botones agrios, la intención, es devolverle el carácter original al género, que cobra sentido en la monada que lo cabriolea. Aparece Hugo Lobo, pero con el traje cambiado, haciéndose entidad y liderando el ejército de dopamina que se resume en las palabras Dancing Mood.
Esa ceremonia, reúne dos sólidos argumentos en juego permanentemente: sujeto y predicado. Hugo Lobo y el público.
Gira en ese hueco hermoso de la memoria colectiva una función expresamente didáctica en la conciencia del trompetista. Es ni más ni menos que la devolución y el asentamiento. Un irremediable talón de facturas bajo el brazo que trae al ska como excusa. Desde ese lugar común que todo el mundo cree a pie de juntillas como una fracción más del híbrido-rock, el mensaje es: nada podrá divorciar lo que la música logre soldar. Y en esta convivencia de tensiones que cruzan la historia de un país, aparece Lobo. Oportuno. Dueño de las cualidades que se centran en la compresión absoluta del estilo que trabaja con alma de obrero. Con temple de boxeador. Con códigos de barrio.
En primer lugar, Lobo es poseedor de un conocimiento categórico del Ska y de los aspectos melódicos que se multiplican en un efecto a modo de propulsión. Está claro, encontró la llave que abre las puertas de las almas silenciadas. Hay que saber putear tan apasionadamente desde una melodía… El jazz, el rock, el Ska… ¿a quién le importa? Si en fin, la música no es un terreno válido para las vilezas. Es decir, la independencia y superposición entre el arte y aquel pedazo de realidad que siempre nos humilla, debe considerarse campo sagrado. Aquí no hay juramento hipocrático que valga. Aquí hay una convicción palpable de un instrumento brillante entre sus manos. Un instrumento que suplantaría las carencias de formas humanas (propias y ajenas, vestidas y desvestidas). Y traería un poco de razón a la mente perturbada por el onanismo reinante del rock. Y hasta podría arriesgar la siguiente hipótesis: detrás de esa columna de aire, se despegan nuevos modelos que podrían pisotear la desilusión más profunda de cualquier rockero descreído. Sobre esa base de sensibilidad y conocimiento musical, Hugo Lobo ha borrado ciertas fronteras. Ha aumentado los márgenes de tolerancia. Estéticos. Sociales. Tribales. Humanos. En un ejercicio permanente de la expresión libre, en la permanente búsqueda e intuición de la felicidad por expresión de todo cuando chorrea y pugna por salir.
A ese mazazo reflexivo se refiere cuando dice “flasheo hasta con el pibe que se me acerca y dice; compré un disco de Duke Ellington y toca un tema tuyo”.
Quedó en claro que Count Basie ya no se desternilla en risa y pura indulgencia sobre las nuevas huestes que transitan ese viejo camino asfaltado. En medio no había que recuperar nada porque nada se había perdido. Sencillamente había dormido en estado latente. La pericia, consistía en recuperar el acervo allí donde había sido abandonado, en agitar las aguas para que una nueva oleada permitiera incorporaciones que hasta el momento eran inusuales en Argentina: el Ska, como un nuevo lenguaje común. El cuerpo del jazz necesitaba un latigazo. Y como los cuerpos de quienes lo escuchaban, quizá se tratara nada menos que de readmitir la llamada raíz popular que siempre estuvo al alcance de la mano. Imagino a Carlos Sampayo, en algún lugar del mundo sonriendo, tras una nueva escucha atenta de los 78 rpm.
Las preguntas vienen de las respuestas de Hugo Lobo. Y por la posición de sus ojos en el mundo –que los epitafios me sobreentiendan– pactar por 2 mangos con el mercado discográfico, sería como firmarle los papeles al diablo. Lobo canta las cuarenta y falta envido. Parece decir en tono autorreferencial; la verdad tiene pocos amigos y los pocos amigos que tiene, son suicidas. Y aguante los trapos de la independencia. La cualidad flotante de los náufragos.
¿Qué sería de ellos sin ese menú rebosante de heterodoxia que plantea Dancing Mood?
Vaya a saber…
Ahora, el ska, ese género beligerante y proletario, tomó la Universidad por asalto. Y algunos nuevos fieles, uno a uno, seducidos no tan ingenuamente por esa nueva sonoridad en sus cuadernos, se unen a la procesión.
Concienzudamente, unos y otros, han dejado de mirarse el ombligo desde la estricta fuente de su propia doctrina. Una dosis de realismo y otros ruidos, salpicaron con barro y manuales las medias de ambos equipos. Todos volvimos a la silla eléctrica de primer grado. Creo.
Mientras tanto, Hugo Lobo, camina su universo atemporal que no se nombra y que el día se encargará de deformar seguramente en sus espejos.
A veces, tenemos la sensación de saber que somos un par de ojos mirando la oscuridad.
Aturdidos de silencio.

Soñar, soñar y una crónica perdida




Por Paul Citraro
Con sólida prepotencia el film de Leonardo Favio; Soñar, soñar es una puñalada de realismo. Volví a verla a pedido de un amigo. A Favio lo banco a morir, desde las canciones a su escritura. Ahora, como director de cine, le saco un pasaje al Olimpo, digo.
¿Cómo se llama el grandote que canta? -Batió mi amigo
-Pagliaro, le contesto. Gian Franco Pagliaro.
Y volví a rebobinarla con las mieles de la tecnología en formato y contrabando Ares. Y quedé sepultado. Conmovido. Loco. Y eso es Favio. Una bola de pasión en juego permanente. Alguien que puede ver al silencio llorando al lado de un aljibe.
Pagliaro es Rulo y Monzón, Carlos Monzón, Charlie. Y ahí casi se apaga el relato, antes de confesar la historia de amor entre dos hombres. Una historia de amor-amistad. No una historia de un hombre arriba del otro.
Pagliaro y Monzón son no-actores. Y están rebosantes de dotes actorales y por encima de un nivel de actuación superlativo. Pocas, contadas veces, se pueden ver tamaña demostración de actuación. De libertad. Desde el relato, hasta el cuerpo y gesto de cada uno. La historia clava el dardo justo en el 100. En el corazón del delirio. Convengamos que Monzón es un tira piñas y aquí, actúa. De verdad.
Soñar, soñar raspa mis pretensiones de top ten en el Veraz. Es decir, uno queda siempre en deuda luego de verla. Hay una reconciliación con el espíritu humano de quien la recibe y percibe. Para darse cuenta finalmente que uno es Fama y Cronopio. Rulo y Charlie. Identidad perpetua que me murmura el silencio mientras lo mastico.
Ah…negrito pueblerino. Del profundo culo interior, viniste gordito de sueños y ambiciones atragantadas. Sí, Charlie quiere ser artista. Quiere estudiar teatro. Quiere triunfar. Pero de otro modo. El triunfo de Charlie es saberse que es un mono con orquesta incluida. No es ser una estrella, el triunfo de Charlie. El triunfo es ser Mario. Y Mario triunfa en su fracaso. Y ese es el éxito de ambos.
Como un disparo cruzado, la escena madre es cuando Carlitos, Charlie, Monzón, lo lleva a Mario a dormir a su casa del pueblo y terminan a pura toca-ruleros. ¡Justo Monzón! ¡El Campión invicto! Él Muchachote argentino. Machito cabrío. Y a fuerza de disparate y vulgaridad bate la delirante y potente frase; “por favor, yo quiero los rulos tuyos Mario”. De patitas cruzadas y sin el menor animo de camuflar la conocida hombría que le ha dado el pugilato.
Que inteligencia Favio. Que pluma rústicamente fina. Que modo auténtico y voraz de visitar la ficción que va y viene de mandados con la vida. El genio es Yam Yam que abre el abanico y es un hombre de pañuelo en la cabeza. Con ese andar lento de palabras sordas. Y después, la vuelta. A la realidad. A la polución visible de las cosas. Para entender de cabo a rabo, que uno, apenas si es alguien respirando pretensiones en este derrame absurdo de las horas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

martes, 11 de mayo de 2010

UNLOCKED - Leo Genovese



El niño indócil
Por Paul Citraro
Leo Genovese es un desobediente de las penumbras. Y en el jazz, con cierta frecuencia, suelen estar presentes. Desde sus inicios a manos de maestros barriales y en tránsito de aprendizaje siestero -hora sagrada en el corazón del interior- a sus estudios superiores en Rosario (cantera cada vez más fortalecida de músicos de jazz) y otras descendencias privadas: los pianistas Ana María Cué, Leonel Lúquez y Ernesto Jodos. Al punto y lo inevitable, todo buceador de aguas profundas busca mayor intensidad: Berklee College of Music. Ese pibe con derecho propio adquirido, no ha menguado un céntimo de pasión y talento en cada una de sus composiciones. Y esa es la historia que vuelve a repetirse. Una Babel de crecimiento permanente. De estilo espasmódico e iconoclasta y virtuosismo resuelto y fluidas filigranas. Un arrebatado de musicalidad en sí mismo. Ese equivalente que lo llevó a sesionar junto al trompetista Phil Grenadier, el saxofonista Joe Lovano o ser el lugar teniente de la reconocida contrabajista y cantante Esperanza Spalding. Vinieron inexcusablemente los trabajos en solitario; “Haikus II” y el proyecto en solitario con su banda; “Leo Genovese y los Gauchos Cromáticos”. Y ahora, esta brisa editada por BlueArt. Un derviche saltarín de octavas en octavas que se regodea en la transformación de melodías modernistas e irónicas. Esa transformación plena, siempre le concede al artista una dosis de luz displicente en las oscuridades del género. Por lo visto, avanzar hacia un futuro incierto y excitante, fue y es un buen presagio de lo que viene. Tal como se suponía de ese pibe que hace unos cuántos años, cuando sudaba la gota gorda paseando partituras a primera hora de la tarde o tocando diez horas en pleno estado de trance, ese patrimonio, le ha tocado el timbre. Entiendo que si le preguntásemos a Leo, no sabría de qué se trata. Los pájaros desconocen sus facultades, desconocen la palabra libertad. Simplemente vuelan.
UNLOCKED – 1era placa editada en Argentina del pianista Leo Genovese

jueves, 25 de febrero de 2010

Entrevista Diario Página/12 (Suplemento Rosario)

Jueves, 25 de febrero de 2010

El Club de Jazz de Venado Tuerto cumple 10 años
La celebración es con música
Mañana, Raúl Barboza abre un ciclo de conciertos en la ciudad venadense organizado por Paul Citraro, impulsor del Club de Jazz.

"Todo comenzó como un experimento", dijo Paul Citraro, productor y periodista.
Desde su conformación, hace ya una década, el Club de Jazz de Venado Tuerto se esforzó por enriquecer la actividad musical de esa ciudad. Pero su intención no giró sólo en torno a la generación de espectáculos de primer nivel, sino que apostó además a la formación de un público capacitado. Con esos preceptos fueron sumando acontecimientos y convocando a un listado de artistas extenso y de alto nivel. Bajo esas mismas pautas diagramaron además las actividades para este 2010 en el que celebrarán sus diez años de vida, y en el que recibirán a artistas como Raúl Barboza --responsable de abrir el ciclo de festejos con el show que mañana, a las 22, ofrecerá en el Teatro Ideal--, los estadounidenses James Wheeler y Muddy Waters Jr., Adrián Iaies y Raly Barrionuevo, entre otros.
Paul Citraro, impulsor del Club de Jazz, analizó los logros de un proyecto que se consolidó dentro de la actividad cultural venadense: "En retrospectiva uno empieza a ver de forma más tangible hasta dónde ha llegado eso que comenzó como un experimento. Porque hasta ese momento se había pensado de manera imposible, pero la intención era, por un lado, ubicar a Venado Tuerto en el mapa. Lo interesante del proyecto no es sólo el cúmulo de tiempo, de los años y la programación permanente, sino que cada uno ha podido emprender su propia experiencia. De esa manera la gente que inicialmente había comenzado en ese proyecto del Club de Jazz hoy está haciendo otras actividades ligadas al arte", profundizó.
Así comenzó a gestarse un foco cultural que le apunta al espectáculo pero, además, a la generación de distintas propuestas formativas. "Con la idea de hacer un trabajo de fondo -acotó Citraro-, un trabajo que va más allá del objetivo final, que por caso podría ser un concierto. La cuestión era realizar una instalación cultural donde se empezaba a comprometer desde otro lugar y de otro modo, a permanecer con lo que cada uno proponía. Que es un poco la mirada que queríamos darle a ese proceso inicial, donde la intención era definir qué ciudad compartir a través de un diseño cultural".
Claro que para ello es el público el que debe ocupar un rol sustancial, a partir de la participación e interrelación con el proyecto. "La idiosincrasia de la gente muchas veces no tiene nada que ver con las inquietudes de los actores culturales, de los intermediarios, que seríamos nosotros --explicó Citraro--. Por caso, en algunas propuestas nos ha ido muy bien, aunque uno siempre tenga que estar rindiendo examen, por ejemplo con el circuito de jazz, que responde a un montón de cuestiones que van más allá del gusto o la información que la gente pueda tener a mano para hacer una valoración de lo que significa un género o un artista que pertenece a esa corriente. Considero que los medios de comunicación tienen un rol importantísimo aquí. Es decir, el compromiso y la rotación en los medios de comunicación hacen que un estilo, un género o un movimiento se pueda instalar o no, hay que generar la avidez y los recursos necesarios para que el público se acerque, disfrute la propuesta. De ese modo, y en términos de continuidad, instalarlo. Eso para mí es lo importante en los procesos culturales, no sólo la ideología y el modelo que se pretende formar, sino el modo de instalación que eso significa".
A modo de festejo, el Club de Jazz de Venado Tuerto pudo darle forma a una grilla de actividades que, mensualmente, recibirá en esa ciudad a un artista de renombre. "La excusa de redondear los diez años tenía que ver con intentar programar diez conciertos de perfil internacional, o conciertos importantes a nivel nacional, algo poco usual para nuestra ciudad --adelantó el organizador--. Sabíamos que Raúl Barboza estaba por Argentina en enero y febrero, entonces ésa fue la primer convocatoria".
Además, el objetivo es que cada artista asuma un compromiso hacia la comunidad. "Es decir, ver qué más pueden ofrecer, una charla, una clínica, una capacitación. Un plus que le pueda otorgar esa búsqueda que nosotros empezamos para lograr que la instalación cultural sea más efectiva, más contundente", concluyó el productor venadense.
Link a la nota:http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/rosario/12-2010-02-25.html

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Expandiendo Fronteras

El productor argentino que tiene en la mira a Concepción
Ha trabajado con los principales grupos del país vecino y hoy planea genear un puente cultural que además incluye EE.UU y nuestra ciudad.

Cuando uno piensa en el rock argentino, de inmediato se vienen a la mente decenas de figuras desde Charly García o Spinetta hasta Los Piojos o Catupecu Machu. Sin embargo tras el prestigio de la industria vecina también hay nombres cruciales en roles como producción y gestión. Uno de ellos es Paul Citraro.
El productor de bandas y solistas como Pedro Aznar, Luis Alberto Spinetta, Botafogo, Papo, Ratones Paranoicos, Bersuit Vergarabat, La Renga, La Portuaria, Los Piojos y Man Ray está en nuestra ciudad efectuando un catastro de espacios y propuestas musicales, con la idea de generar un circuito de intercambio musical entre nuestra ciudad, New York y varias ciudades argentinas.
Las referencias de la escena penquista le llegaron de parte de Quintino Cinalli, baterista que estuvo radicado en nuestra ciudad entre el 2004 y el 2007 y que actualmente vive en New York. Ambos se conocen desde su juventud en Rosario y hoy trabajan juntos en la producción Quintino Cinalli Trío y de Pablo Siegler Quintet.
"En Concepción me llevé una gran sorpresa. Es una ciudad propicia para convertirse en capital cultural de Chile. Es así como ya estamos planificando eventos como el DrumFest 2010 con artistas internacionales o una gira con el grupo de Quintino de carácter educativo y social. Ello además de buscar los artistas más relevantes de cada lugar para hacer el intercambio. Por ejemplo acá me llamó la atención Cangaceiro, que es un grupo de exportación. Eso por ahora, pues la idea es que crezca en el futuro.
Citraro además se refirió a la inclusión de instituciones para concretar su diseño multinacional. "La asociatividad es fundamental, incluyendo empresas, centros culturales y el gobierno. Por ahora ya está el nexo con el Departamento de Jóvenes de la Municipalidad de Concepción a través del coordinador Marcelo Sánchez", dijo el productor que ya ha conocido hoteles, restaurantes, espacios para el turismo, el Teatro UdeC, la Sala Dos y locales como el Bar del Frente. "Realmente Concepción es una perla. Estoy muy entusiasmado", agregó.
-Acá existen fondos de gobierno que permiten financiar giras e intercambios como el que tu estás gestionando. ¿Como se dan esos apoyos en Argentina?
-En materia de funcionamiento estatal Argentina está muy atrás de lo que es Chile. Por otro lado allá si hay algunas provincias que tienen un sistema de gobierno con algún énfasis en la cultura. Además allá es más el apoyo de las corporaciones privadas que del Estado. Lamentablemente en el último tiempo no ha sido fácil, por el decaimiento de la economía.
-Curiosamente en nuestra ciudad ya hemos visto algunos intercambios con Argentina, aunque basados más en la fraternidad y la solidaridad de las propias bandas.
Así es, y además es mucho más abarcativo. Es un diseño de perfil underground que va nutriendo de ideas y conceptos al sistema central, que es el generador de recursos. Esto también sucede con las discográficas, pues una banda puede circular hasta 10 años por el basto territorio antes de ser parte de una compañía disquera.
Haces docencia de música popular, escribes en el periódico Página 12 y diriges un club de jazz. ¿Como vez el panorama del rock y el jazz argentino en la actualidad? Pareciera que ya no es igual que en los años de Charly, Virus, Mateos, Soda Stereo o Spinetta.
Existe un quiebre generacional entre esas bandas y las del nuevo milenio, aunque por suerte hay algunos puentes como Babasónicos o La Portuaria. Los grupos de hoy como Catupecu Machu, Kevin Johansen, Mimi Maura, Los Piojos han renovado el lenguaje musical y se puede ver mucha más fusión con géneros como el folclore o expresiones de barrio como la murga o la cumbia villera. Esa inclusión de elementos locales se da incluso con más fuerza en el jazz.
Por otro lado hoy el rock en Argentina se ha desarrollado como un rock de estadio, con altas convocatorias, lo cual es el parámetro de éxito ante la caída de los sellos.

viernes, 29 de mayo de 2009

La infusión de los tambores


Por Sergio A. Pujol *
Quintino Cinalli es más músico que percusionista. O mejor dicho: hace música con la percusión, no se limita a acompañar – digna tarea, por otra parte, que muchos cumplen con eficiencia -, sino que despliega en sus intervenciones una paleta de toques tan completa, tan espacial y temporal, tan eufónica y cronométrica, que tiendo a revisar la información del cuadernillo del CD que me llegó bajo su nombre. ¿Cuántos tocan? Aquí, en El Quinto Elemento (Primera Toma Records), sólo dos: Quintino y el pianista, tecladista y cantante Mariano Agustoni. (No quiero pensar lo que será esta música con el agregado de Daniel Mazza en bajo, algo que, según me entero, pronto sucederá).
Claro que no se trata de ponderar la destreza de unos pocos haciendo lo de muchos. El consumado dominio de los tambores y demás enseres convierten a Cinalli en una suerte de Hombre Orquesta, pero sin rutina circense. La amplitud de saberes rítmicos es lo que realmente atrapa: que la chacarera “Chacarera del patio”, por ejemplo, suene veraz, y que luego, a poco de transcurrir su forma original, fluya por los caminos imprevistos del jazz. O que la imperdible “Zamba a Perdiguero” de Saluzzi, finamente cantada por Agustoni, tenga el regusto de bombo leguero y, a la vez, la modernidad sonora del platillo. Y qué decir de la clave del candombe, que Quintino tan bien conoce y muestra en “Mi candombe” – tour de forcé – y “El candombe me llama”. Por último, para no abundar, que el archiconocido “St. Thomas” de Sony Rollins deje de ser Calipso para emigrar al Río de La Plata (“El Manolo”, gran momento del disco) pone al descubierto una declarada intención de mestizar elementos contemporáneos. Al fin y al cabo, mestizar no siempre debe conjugarse en tiempo pasado.
La palabra fusión está un poco gastada, habría que evitarla. Sin embargo, la imagen de Joe Zawinul – más el Zawinul de Syndicate que el de Weather Report – emerge naturalmente, y supongo que ni a Quintino ni a Agustoni les molestará que se compare su música con la de aquel maravilloso viajero por la etnias musicales del mundo, sinónimo de jazz fusión. Apenas una referencia, claro. Por lo demás, El Quinto Elemento es más argentino que el mate. Más infusión que fusión. Cada uno toma el mate como quiere.
*escritor y crítico musical. Su libro más reciente es En nombre del folclore. Biografía de Atahualpa Yupanqui.

El Quinto Elemento

Por Gabriel Senanes
Si algo más hacía falta para certificar que Venado es Tuerto pero no sordo, he aquí el disco grabado en vivo allí por Quintino Cinalli. En vivo, y muy vivo. No sólo por las altas temperaturas musicales desplegadas de cara al público, que se mete y hace sentir en la grabación: muy vivo también el productor artístico que se propuso registrar esta postal sonora del multifacético percusionista. Que cuenta, además de su talento, con un socio muy importante: Mariano Agustoni cuyos dedos e ideas, aplicados a sus teclados, proveen una refinada concepción armónica al menú. El espectro temático va desde la Chacarera del Patio de los chacarerólogos hermanos Díaz hasta Caravana del gran Ellington y su compinche Tizol, pasando por piezas del propio Cinalli, Saluzzi y el Cuchi Leguizamón. Toda una declaración de principios estéticos, en las dúctiles manos de quien hace rato dejó de ser un principiante, y nunca un rígido principista. Por suerte, la idea no pasa, como en muchos de sus colegas y en todos los boxeadores, por dar la mayor cantidad de golpes posible, sino por batir parches en honor a una expresividad mas bien gozosa. Sambas y zambas, solos y dúos varios enriquecen la batería de recursos del baterista que junto a Agustoni y codo a codo hacen mucho más que dos.

domingo, 24 de mayo de 2009

El Retrato de Dorian Grey


Por Paul Citraro (*)

Quintino Cinalli no solo es un pionero en la exploración sonora de la percusión latinoamericana, sino el primero –al igual que Kenny Clarke- en saldar una deuda con los ritmos predecibles de la batería en la música popular o por caso el swing. Venturosamente empezó a usar el bombo sólo para los acentos y centrando la atención en el platillo principal a gusto y piacere. La mesa está servida. El menú es libre y las delicatesen esperan. Se puede dar y tomar los acentos tal como los escoja. Quintino ha llevado la percusión rioplatense lejanamente a cualquier pensamiento permitido. Aprovecha los tambores melódicamente y toca con una soltura polirrítmica que parece un patrón tercermundista que no para de revolucionar los armónicos de la memoria. Puesto que nada suena como lo conocíamos. La música es un reflejo sonoro del tiempo, de la vida y así parece vivirlo el artista. Quizá la batería no fuera vista y escuchada por el público como la fuerza dominante, pero a partir de la aparición de músicos como Tony Williams o Buddy Rich, ese elemento de liderazgo percusivo, quedó bien asentado. Con el tiempo, y luego de una extensa lista pergaminos artísticos, Quintino empezó a balancear las fuerzas para otorgarle a la batería otro rol principal por fuera los ritmos explosivos y la técnica deslumbrante: la vida. Es decir, esas raíces afrolatinas que preponderan en su música y lenguaje no son más que un reflejo de su propio bagaje de juventud. Es inevitable -al igual que ese retrato que Oscar Wilde nos regalara- sentir que esa imagen joven que tiene su música, no ha mermado ni un céntimo de talento y sigue expectante para quien se someta a la experiencia de escucharla. A partir de ahí, el cuño sonoro, será indeleble.
(*) Productor musical y Manager de Quintino Cinalli en Argentina

jueves, 19 de febrero de 2009

Un pequeño viaje en forma de libro


Acostumbro a ver Tv los martes 36, de Paul Citraro, viene con música
Un pequeño viaje en forma de libro
La edición se completa con un CD que se propone como marco a cada uno de sus nueve poemas, y tiene un formato inusual, lejos del libro de bolsillo. La obra del crítico musical de Rosario/12 se
presenta el sábado en Venado Tuerto.
Por Edgardo Pérez Castillo

Citraro es escritor, boxeador amateur y produce espectáculos.
Resulta imposible pensar en Acostumbro a ver Tv los martes 36 como un libro de bolsillo. Por un lado, es altamente improbable lograr que los más de treinta centímetros de alto quepan aún en un sobretodo. Por el otro, y esencialmente, el de Paul Citraro no es un material para consumir en tránsito, para recorrer entre semáforos. El disco compacto que se adosa a la tapa refuerza ese concepto, proponiendo un marco musical a cada uno de los nueve poemas, con obras que van desde la compleja soledad del cellista Martín Devoto a la polca entrañable del Chango Spasiuk, pasando por Bill Evans, Miles Davis, Ennio Morricone y más.
Es que Paul Citraro no puede presentarse escindido de la música, ésa a la que le dedica horas de escucha y líneas escritas desde su condición de crítico (tarea que desarrolla en estas mismas páginas desde hace una década). Citraro es, además, boxeador amateur, padre, productor de espectáculos, ex estudiante de Filosofía y Letras. Todo ello se conjuga en un libro que este sábado a las 22 tendrá su presentación en la Biblioteca Ameghino de Venado Tuerto, ciudad natal del autor, donde además actuará el Chivo González Trío, inaugurando una serie de conciertos que serán registrados y editados por un sello dedicado específicamente a la publicación de discos grabados en vivo (y que ya cuenta con los shows de Leo Genovese y Quintino Cinalli en proceso de edición).
Así, una vez más, música y palabras estarán enlazadas tras la figura de Citraro, que decidió reunir sus obras en una edición cuidada y poco convencional, según explicó el autor: "La intención era hacer un libro objeto, de manera tal que puedan fusionarse diferentes aristas, múltiples juegos de perspectiva, diferentes formas de poder mirarlo. Básicamente el libro es un pequeño viaje, como podría ser la audición de un disco. De ahí la perspectiva de insertar también un CD que actúe como mapa sonoro. Era una forma de buscarle un plus, que pueda tener una suerte de disparador sensorial. Y además, quizás la posibilidad de despertar otra clase de pensamientos. Es claro que cuando uno está escuchando música y al mismo tiempo está leyendo probablemente pase tres o cuatro páginas sin haberse dado cuenta, por esto de que hay dos o tres funciones en juego, pero quería experimentar a ver qué sucedía desde ahí con ese marco sonoro".
- La música impone un ritmo, genera clima y aporta un color que en cierta manera subjetiviza la lectura. Así lleva al lector a un terreno elegido específicamente. ¿Era consciente de esto?
-No, ahora que lo decís me doy cuenta. Sin duda que hay muchísimo de uno ahí, en términos de experiencias atroces, de frustración, de derrota, que escapan sin lugar a dudas a través de la fantasía que es esta cuestión que tiene que ver con lo musical. Por momentos uno intenta llevar al plano de la música la escritura. Es decir, este elemento de tensión como es una pieza ejecutada con violoncello es lo que intenta de algún modo dibujar lo que está escrito. En este juego de la lectura y la audición hay como un diálogo implícito entre lo que significa la crítica musical y la forma de mirar las cosas. En más de una oportunidad la crítica hace agua o bien no coincide con el criterio del lector o del oyente.
Con su colchón de acordes magistrales, los poemas arrojan vivencias íntimas junto a múltiples citas. Así desfilan el fotógrafo holandés Van der Elsken, Juan Gelman, Neruda, Miles, James Dean, Chet Baker, el box, el Diego y, entre ellos, Onetti y Borges, autores que Citraro reconoce como influencias de peso. "Para mí son dos pensadores y escritores clave. Borges es un tipo que inventa todo el tiempo mundos puramente imaginarios en los cuales los personajes siempre se refugian, pueden sobrevivir o simplemente mueren. Me parece una suerte de palabra cerrada. A partir de la lectura de Borges uno entiende que todas las posibilidades que uno podría haber pensado alrededor de un giro idiomático, una palabra o una definición, siempre terminan en él".
- Si se piensa al libro como un viaje, la nostalgia atraviesa buena parte de los poemas hasta llegar a "El Zorro es Robin", último poema que parece hablar sobre una instancia superadora. ¿Es un viaje que se fue dando durante la escritura?
-Sí, sin duda lo que intenté decir es éso. El libro fundamentalmente tuvo que ver con un proceso catártico en mi vida. Fue un trabajo de apoyatura interesante para mí, en el cual traté de plasmar esta situación en relación a las diferentes realidades. Por éso "El Zorro es Robin" termina con una suerte de hilo esperanzador, como que la cosa empieza a funcionar de nuevo desde otro lugar. Tiene que ver con un pequeño racconto de unos pocos años en los quince días en los que escribí los poemas. Básicamente pasaba que iban saliendo a diario y en función de éso empecé a trabajarlos, recapitularlos, y me pareció interesante jugar con esta posibilidad de editarlos. De mostrarlos, de decir: "Acá estoy nuevamente, he vencido, con otra mirada, esto es lo que tengo para ustedes". La escritura tiene que ver no solamente con un oficio, sino con una realidad que está sujeta a tu forma de vivirla y sentirla. En tanto y en cuanto uno tenga temas, algo para decir de la mejor forma posible, creo que es inevitable el camino de seguir escribiendo.


Nota publicada en el diario Página/12 (Suplemento Rosario/12) - Miércoles 18 de Febrero 2009

jueves, 13 de noviembre de 2008

Cantar



por Paul Citraro
Sospecho que Liliana Herrero no canta canciones, las camina. Busca la forma de ensimismamiento entre la poética y el latido. Su última placa se llama “Igual a mi corazón”. Y la palabra corazón ofrece riesgos al momento de mencionarla, rodea y contornea lo kistch, pero muestra como nada de que se trata el interior de ese sentir. Es como si hubiese estado procesando el modo de acercarse al alma de la canción desde que Fito Páez –literalmente- la empujó a grabar su primer disco en una modesta sala de ensayo en Caballito, allá por 1987. En ese punto de encuentro o de partida, empieza la nada trivial tarea de apropiarse del mundo y devolverlo hecho canción, composición, poesía, arte. Ver un concierto de Liliana Herrero, parece un absurdo del tiempo, una hora treinta, pueden resumirse en 10 minutos de intensidad, en esa delicada suspensión del yo en que pasamos a ser parte de un universo cantado.