martes, 11 de mayo de 2010

UNLOCKED - Leo Genovese



El niño indócil
Por Paul Citraro
Leo Genovese es un desobediente de las penumbras. Y en el jazz, con cierta frecuencia, suelen estar presentes. Desde sus inicios a manos de maestros barriales y en tránsito de aprendizaje siestero -hora sagrada en el corazón del interior- a sus estudios superiores en Rosario (cantera cada vez más fortalecida de músicos de jazz) y otras descendencias privadas: los pianistas Ana María Cué, Leonel Lúquez y Ernesto Jodos. Al punto y lo inevitable, todo buceador de aguas profundas busca mayor intensidad: Berklee College of Music. Ese pibe con derecho propio adquirido, no ha menguado un céntimo de pasión y talento en cada una de sus composiciones. Y esa es la historia que vuelve a repetirse. Una Babel de crecimiento permanente. De estilo espasmódico e iconoclasta y virtuosismo resuelto y fluidas filigranas. Un arrebatado de musicalidad en sí mismo. Ese equivalente que lo llevó a sesionar junto al trompetista Phil Grenadier, el saxofonista Joe Lovano o ser el lugar teniente de la reconocida contrabajista y cantante Esperanza Spalding. Vinieron inexcusablemente los trabajos en solitario; “Haikus II” y el proyecto en solitario con su banda; “Leo Genovese y los Gauchos Cromáticos”. Y ahora, esta brisa editada por BlueArt. Un derviche saltarín de octavas en octavas que se regodea en la transformación de melodías modernistas e irónicas. Esa transformación plena, siempre le concede al artista una dosis de luz displicente en las oscuridades del género. Por lo visto, avanzar hacia un futuro incierto y excitante, fue y es un buen presagio de lo que viene. Tal como se suponía de ese pibe que hace unos cuántos años, cuando sudaba la gota gorda paseando partituras a primera hora de la tarde o tocando diez horas en pleno estado de trance, ese patrimonio, le ha tocado el timbre. Entiendo que si le preguntásemos a Leo, no sabría de qué se trata. Los pájaros desconocen sus facultades, desconocen la palabra libertad. Simplemente vuelan.
UNLOCKED – 1era placa editada en Argentina del pianista Leo Genovese

jueves, 25 de febrero de 2010

Entrevista Diario Página/12 (Suplemento Rosario)

Jueves, 25 de febrero de 2010

El Club de Jazz de Venado Tuerto cumple 10 años
La celebración es con música
Mañana, Raúl Barboza abre un ciclo de conciertos en la ciudad venadense organizado por Paul Citraro, impulsor del Club de Jazz.

"Todo comenzó como un experimento", dijo Paul Citraro, productor y periodista.
Desde su conformación, hace ya una década, el Club de Jazz de Venado Tuerto se esforzó por enriquecer la actividad musical de esa ciudad. Pero su intención no giró sólo en torno a la generación de espectáculos de primer nivel, sino que apostó además a la formación de un público capacitado. Con esos preceptos fueron sumando acontecimientos y convocando a un listado de artistas extenso y de alto nivel. Bajo esas mismas pautas diagramaron además las actividades para este 2010 en el que celebrarán sus diez años de vida, y en el que recibirán a artistas como Raúl Barboza --responsable de abrir el ciclo de festejos con el show que mañana, a las 22, ofrecerá en el Teatro Ideal--, los estadounidenses James Wheeler y Muddy Waters Jr., Adrián Iaies y Raly Barrionuevo, entre otros.
Paul Citraro, impulsor del Club de Jazz, analizó los logros de un proyecto que se consolidó dentro de la actividad cultural venadense: "En retrospectiva uno empieza a ver de forma más tangible hasta dónde ha llegado eso que comenzó como un experimento. Porque hasta ese momento se había pensado de manera imposible, pero la intención era, por un lado, ubicar a Venado Tuerto en el mapa. Lo interesante del proyecto no es sólo el cúmulo de tiempo, de los años y la programación permanente, sino que cada uno ha podido emprender su propia experiencia. De esa manera la gente que inicialmente había comenzado en ese proyecto del Club de Jazz hoy está haciendo otras actividades ligadas al arte", profundizó.
Así comenzó a gestarse un foco cultural que le apunta al espectáculo pero, además, a la generación de distintas propuestas formativas. "Con la idea de hacer un trabajo de fondo -acotó Citraro-, un trabajo que va más allá del objetivo final, que por caso podría ser un concierto. La cuestión era realizar una instalación cultural donde se empezaba a comprometer desde otro lugar y de otro modo, a permanecer con lo que cada uno proponía. Que es un poco la mirada que queríamos darle a ese proceso inicial, donde la intención era definir qué ciudad compartir a través de un diseño cultural".
Claro que para ello es el público el que debe ocupar un rol sustancial, a partir de la participación e interrelación con el proyecto. "La idiosincrasia de la gente muchas veces no tiene nada que ver con las inquietudes de los actores culturales, de los intermediarios, que seríamos nosotros --explicó Citraro--. Por caso, en algunas propuestas nos ha ido muy bien, aunque uno siempre tenga que estar rindiendo examen, por ejemplo con el circuito de jazz, que responde a un montón de cuestiones que van más allá del gusto o la información que la gente pueda tener a mano para hacer una valoración de lo que significa un género o un artista que pertenece a esa corriente. Considero que los medios de comunicación tienen un rol importantísimo aquí. Es decir, el compromiso y la rotación en los medios de comunicación hacen que un estilo, un género o un movimiento se pueda instalar o no, hay que generar la avidez y los recursos necesarios para que el público se acerque, disfrute la propuesta. De ese modo, y en términos de continuidad, instalarlo. Eso para mí es lo importante en los procesos culturales, no sólo la ideología y el modelo que se pretende formar, sino el modo de instalación que eso significa".
A modo de festejo, el Club de Jazz de Venado Tuerto pudo darle forma a una grilla de actividades que, mensualmente, recibirá en esa ciudad a un artista de renombre. "La excusa de redondear los diez años tenía que ver con intentar programar diez conciertos de perfil internacional, o conciertos importantes a nivel nacional, algo poco usual para nuestra ciudad --adelantó el organizador--. Sabíamos que Raúl Barboza estaba por Argentina en enero y febrero, entonces ésa fue la primer convocatoria".
Además, el objetivo es que cada artista asuma un compromiso hacia la comunidad. "Es decir, ver qué más pueden ofrecer, una charla, una clínica, una capacitación. Un plus que le pueda otorgar esa búsqueda que nosotros empezamos para lograr que la instalación cultural sea más efectiva, más contundente", concluyó el productor venadense.
Link a la nota:http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/rosario/12-2010-02-25.html

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Expandiendo Fronteras

El productor argentino que tiene en la mira a Concepción
Ha trabajado con los principales grupos del país vecino y hoy planea genear un puente cultural que además incluye EE.UU y nuestra ciudad.

Cuando uno piensa en el rock argentino, de inmediato se vienen a la mente decenas de figuras desde Charly García o Spinetta hasta Los Piojos o Catupecu Machu. Sin embargo tras el prestigio de la industria vecina también hay nombres cruciales en roles como producción y gestión. Uno de ellos es Paul Citraro.
El productor de bandas y solistas como Pedro Aznar, Luis Alberto Spinetta, Botafogo, Papo, Ratones Paranoicos, Bersuit Vergarabat, La Renga, La Portuaria, Los Piojos y Man Ray está en nuestra ciudad efectuando un catastro de espacios y propuestas musicales, con la idea de generar un circuito de intercambio musical entre nuestra ciudad, New York y varias ciudades argentinas.
Las referencias de la escena penquista le llegaron de parte de Quintino Cinalli, baterista que estuvo radicado en nuestra ciudad entre el 2004 y el 2007 y que actualmente vive en New York. Ambos se conocen desde su juventud en Rosario y hoy trabajan juntos en la producción Quintino Cinalli Trío y de Pablo Siegler Quintet.
"En Concepción me llevé una gran sorpresa. Es una ciudad propicia para convertirse en capital cultural de Chile. Es así como ya estamos planificando eventos como el DrumFest 2010 con artistas internacionales o una gira con el grupo de Quintino de carácter educativo y social. Ello además de buscar los artistas más relevantes de cada lugar para hacer el intercambio. Por ejemplo acá me llamó la atención Cangaceiro, que es un grupo de exportación. Eso por ahora, pues la idea es que crezca en el futuro.
Citraro además se refirió a la inclusión de instituciones para concretar su diseño multinacional. "La asociatividad es fundamental, incluyendo empresas, centros culturales y el gobierno. Por ahora ya está el nexo con el Departamento de Jóvenes de la Municipalidad de Concepción a través del coordinador Marcelo Sánchez", dijo el productor que ya ha conocido hoteles, restaurantes, espacios para el turismo, el Teatro UdeC, la Sala Dos y locales como el Bar del Frente. "Realmente Concepción es una perla. Estoy muy entusiasmado", agregó.
-Acá existen fondos de gobierno que permiten financiar giras e intercambios como el que tu estás gestionando. ¿Como se dan esos apoyos en Argentina?
-En materia de funcionamiento estatal Argentina está muy atrás de lo que es Chile. Por otro lado allá si hay algunas provincias que tienen un sistema de gobierno con algún énfasis en la cultura. Además allá es más el apoyo de las corporaciones privadas que del Estado. Lamentablemente en el último tiempo no ha sido fácil, por el decaimiento de la economía.
-Curiosamente en nuestra ciudad ya hemos visto algunos intercambios con Argentina, aunque basados más en la fraternidad y la solidaridad de las propias bandas.
Así es, y además es mucho más abarcativo. Es un diseño de perfil underground que va nutriendo de ideas y conceptos al sistema central, que es el generador de recursos. Esto también sucede con las discográficas, pues una banda puede circular hasta 10 años por el basto territorio antes de ser parte de una compañía disquera.
Haces docencia de música popular, escribes en el periódico Página 12 y diriges un club de jazz. ¿Como vez el panorama del rock y el jazz argentino en la actualidad? Pareciera que ya no es igual que en los años de Charly, Virus, Mateos, Soda Stereo o Spinetta.
Existe un quiebre generacional entre esas bandas y las del nuevo milenio, aunque por suerte hay algunos puentes como Babasónicos o La Portuaria. Los grupos de hoy como Catupecu Machu, Kevin Johansen, Mimi Maura, Los Piojos han renovado el lenguaje musical y se puede ver mucha más fusión con géneros como el folclore o expresiones de barrio como la murga o la cumbia villera. Esa inclusión de elementos locales se da incluso con más fuerza en el jazz.
Por otro lado hoy el rock en Argentina se ha desarrollado como un rock de estadio, con altas convocatorias, lo cual es el parámetro de éxito ante la caída de los sellos.

viernes, 29 de mayo de 2009

La infusión de los tambores


Por Sergio A. Pujol *
Quintino Cinalli es más músico que percusionista. O mejor dicho: hace música con la percusión, no se limita a acompañar – digna tarea, por otra parte, que muchos cumplen con eficiencia -, sino que despliega en sus intervenciones una paleta de toques tan completa, tan espacial y temporal, tan eufónica y cronométrica, que tiendo a revisar la información del cuadernillo del CD que me llegó bajo su nombre. ¿Cuántos tocan? Aquí, en El Quinto Elemento (Primera Toma Records), sólo dos: Quintino y el pianista, tecladista y cantante Mariano Agustoni. (No quiero pensar lo que será esta música con el agregado de Daniel Mazza en bajo, algo que, según me entero, pronto sucederá).
Claro que no se trata de ponderar la destreza de unos pocos haciendo lo de muchos. El consumado dominio de los tambores y demás enseres convierten a Cinalli en una suerte de Hombre Orquesta, pero sin rutina circense. La amplitud de saberes rítmicos es lo que realmente atrapa: que la chacarera “Chacarera del patio”, por ejemplo, suene veraz, y que luego, a poco de transcurrir su forma original, fluya por los caminos imprevistos del jazz. O que la imperdible “Zamba a Perdiguero” de Saluzzi, finamente cantada por Agustoni, tenga el regusto de bombo leguero y, a la vez, la modernidad sonora del platillo. Y qué decir de la clave del candombe, que Quintino tan bien conoce y muestra en “Mi candombe” – tour de forcé – y “El candombe me llama”. Por último, para no abundar, que el archiconocido “St. Thomas” de Sony Rollins deje de ser Calipso para emigrar al Río de La Plata (“El Manolo”, gran momento del disco) pone al descubierto una declarada intención de mestizar elementos contemporáneos. Al fin y al cabo, mestizar no siempre debe conjugarse en tiempo pasado.
La palabra fusión está un poco gastada, habría que evitarla. Sin embargo, la imagen de Joe Zawinul – más el Zawinul de Syndicate que el de Weather Report – emerge naturalmente, y supongo que ni a Quintino ni a Agustoni les molestará que se compare su música con la de aquel maravilloso viajero por la etnias musicales del mundo, sinónimo de jazz fusión. Apenas una referencia, claro. Por lo demás, El Quinto Elemento es más argentino que el mate. Más infusión que fusión. Cada uno toma el mate como quiere.
*escritor y crítico musical. Su libro más reciente es En nombre del folclore. Biografía de Atahualpa Yupanqui.

El Quinto Elemento

Por Gabriel Senanes
Si algo más hacía falta para certificar que Venado es Tuerto pero no sordo, he aquí el disco grabado en vivo allí por Quintino Cinalli. En vivo, y muy vivo. No sólo por las altas temperaturas musicales desplegadas de cara al público, que se mete y hace sentir en la grabación: muy vivo también el productor artístico que se propuso registrar esta postal sonora del multifacético percusionista. Que cuenta, además de su talento, con un socio muy importante: Mariano Agustoni cuyos dedos e ideas, aplicados a sus teclados, proveen una refinada concepción armónica al menú. El espectro temático va desde la Chacarera del Patio de los chacarerólogos hermanos Díaz hasta Caravana del gran Ellington y su compinche Tizol, pasando por piezas del propio Cinalli, Saluzzi y el Cuchi Leguizamón. Toda una declaración de principios estéticos, en las dúctiles manos de quien hace rato dejó de ser un principiante, y nunca un rígido principista. Por suerte, la idea no pasa, como en muchos de sus colegas y en todos los boxeadores, por dar la mayor cantidad de golpes posible, sino por batir parches en honor a una expresividad mas bien gozosa. Sambas y zambas, solos y dúos varios enriquecen la batería de recursos del baterista que junto a Agustoni y codo a codo hacen mucho más que dos.

domingo, 24 de mayo de 2009

El Retrato de Dorian Grey


Por Paul Citraro (*)

Quintino Cinalli no solo es un pionero en la exploración sonora de la percusión latinoamericana, sino el primero –al igual que Kenny Clarke- en saldar una deuda con los ritmos predecibles de la batería en la música popular o por caso el swing. Venturosamente empezó a usar el bombo sólo para los acentos y centrando la atención en el platillo principal a gusto y piacere. La mesa está servida. El menú es libre y las delicatesen esperan. Se puede dar y tomar los acentos tal como los escoja. Quintino ha llevado la percusión rioplatense lejanamente a cualquier pensamiento permitido. Aprovecha los tambores melódicamente y toca con una soltura polirrítmica que parece un patrón tercermundista que no para de revolucionar los armónicos de la memoria. Puesto que nada suena como lo conocíamos. La música es un reflejo sonoro del tiempo, de la vida y así parece vivirlo el artista. Quizá la batería no fuera vista y escuchada por el público como la fuerza dominante, pero a partir de la aparición de músicos como Tony Williams o Buddy Rich, ese elemento de liderazgo percusivo, quedó bien asentado. Con el tiempo, y luego de una extensa lista pergaminos artísticos, Quintino empezó a balancear las fuerzas para otorgarle a la batería otro rol principal por fuera los ritmos explosivos y la técnica deslumbrante: la vida. Es decir, esas raíces afrolatinas que preponderan en su música y lenguaje no son más que un reflejo de su propio bagaje de juventud. Es inevitable -al igual que ese retrato que Oscar Wilde nos regalara- sentir que esa imagen joven que tiene su música, no ha mermado ni un céntimo de talento y sigue expectante para quien se someta a la experiencia de escucharla. A partir de ahí, el cuño sonoro, será indeleble.
(*) Productor musical y Manager de Quintino Cinalli en Argentina